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​​​​Con una población en continuo crecimiento que demanda cada vez más productos y servicios, millones de consumidores indiferentes que no consideran la manera como fueron elaborados o provistos y el consumo desmedido, son el cóctel perfecto para causar un deterioro continuo del medio ambiente y un riesgo severo para el planeta y la humanidad. Es evidente que existen mercados de bienes y servicios que no cumplen con criterios de sostenibilidad, y que en su elaboración demandan un excesivo uso de recursos como agua y energía, y materias primas que generan igualmente residuos.

​E
n ese sentido, la huella hídrica es una herramienta para la toma de decisión en el sector empresarial. La óptima gestión del agua es parte estratégica en la operación y rentabilidad de muchas empresas, en especial de compañías que dependen principalmente de ésta para su producto; por esto, la correcta administración del agua se ha convertido en un elemento crítico en términos de reputación y viabilidad de negocio, el cual se enfrenta al reto de identificar, reconocer y evaluar sus probables riesgos e impactos asociados a la huella hídrica de su cadena de valor.

Lo anterior hace que la huella hídrica ofrezca información que puede orientarse a definir estrategias empresariales que van desde el análisis operacional, hasta la formulación de estrategias de gestión del agua a medio y largo plazo, orientadas a involucrar otras partes interesadas, con los cuales se comparte espacio geográfico, recursos, impactos y riesgos.

E
l sector privado se identifica como uno de los actores clave en la gestión del agua, situación que adquiere mayor relevancia en la actualidad por el aumento evidente en la conciencia y sensibilidad de la gestión de los recursos naturales y en particular del agua, que es a menudo parte de la estrategia ambiental asociada a la Responsabilidad Social Corporativa de las empresas.

Por otro lado, podemos contemplar la huella hídrica desde la perspectiva del consumo. En este caso, la huella hídrica se calcula teniendo en cuenta todos los bienes y servicios que los ciudadanos consumen. Estimaciones realizadas por el IDEAM establecen que “la disponibilidad de agua por habitante anualmente ha ido disminuyendo en las últimas décadas y actualmente es de 34 mil metros cúbicos por habitante al año, valor que se reduce a 26.700 metros cúbicos, en condiciones de años seco. La tendencia decreciente es directamente opuesta a la tendencia de crecimiento del PIB. Esta relación entre disponibilidad de agua y crecimiento del PIB refleja la importancia del cambio de los modelos tradicionales de consumo".

Con este panorama, el Gobierno Nacional tiene a disposición la Política Nacional de Producción y Consumo Sostenible, que invita a generar estrategias y acciones para cambiar los patrones insostenibles de producción y consumo de todos los ciudadanos, reduciendo la contaminación, conservando los recursos, favoreciendo la integridad ambiental de los bienes y servicios y estimulando el uso sostenible de la biodiversidad, como fuentes de la competitividad empresarial y de la calidad de vida;  y la Política Nacional del Recurso Hídrico, que establece los objetivos, estrategias, metas, indicadores y líneas de acción estratégica para el manejo del recurso hídrico en el país, en un horizonte de 12 años.

Ver: Política Nacional para la Gestión Integral del Recurso Hídrico

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Ver: Política Nacional de Producción y Consumo Sostenible

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Con el mismo compromiso, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá viene acompañando a las industrias de la región en la concientización sobre el uso eficiente del agua e impulsar buenas prácticas en la gestión de este líquido vital, y evaluar tecnologías de tratamiento para el reúso o reciclaje del agua en los procesos industriales.

La huella hídrica promueve que las empresas reporten e informen sobre su corresponsabilidad con la sostenibilidad del agua, basadas en acciones y objetivos reales asociados a la gestión de agua.

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¿Cómo reducir la huella hídrica de una empresa?​

Una de las prácticas para el aprovechamiento de las aguas ya utilizadas en los procesos productivos es el reuso o reutilización. Consiste en el empleo del agua en circuito abierto en dos o más funciones sucesivas y diferentes, con una posible fase intermedia entre ellas de toma o tratamiento. Para el reuso o reutilización en procesos se deben seguir estos pasos:

  1. Clasificar las corrientes de agua y sus usos.
  2. Adaptar las categorías de aguas con los usos potenciales.
  3. Determinar el grado de mejoramiento de las corrientes de agua seleccionadas.
  4. Segregación de corrientes.
  5. Chequear el impacto de los proyectos al realizar el balance global de agua.
  6. Priorizar los proyectos.

 Es importante tener en cuenta que:

  1. Las fuentes de agua cruda por lo general tienen concentraciones de contaminantes bastante menores que la mayoría de las aguas residuales.
  2. Las mismas tecnologías que son utilizadas para purificar las fuentes de agua cruda (purificación del agua) pueden ser utilizadas para tratar las aguas residuales para su reuso.
  3. La clave para el reuso del agua es tener una variedad de tecnologías disponibles para remover de manera eficiente los contaminantes peligrosos o no deseados del suministro de aguas residuales.
  4. No existe ninguna tecnología en particular que pueda eliminar eficientemente todos los tipos de contaminantes.
  5. Existen tecnologías de tratamiento que pueden, de manera colectiva, reducir eficazmente la concentración de cualquier contaminante a niveles aceptables para cualquier uso del agua.
Otro de los procesos es la recirculación, este uso es menos exigente en cuanto a calidad del agua. Consiste en utilizar indefinidamente una misma agua para un mismo fin, compensando únicamente las pérdidas por purgas o evaporación. El grado de recirculación puede ser alto y por ende la concentración de sales aumentará. ​​​​​
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