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​​Vivir en una sociedad marcada por el consumo es una realidad que exige pactos colectivos que responsabilicen a sus actores, los lleve a ser conscientes de la limitación de los recursos para que empiecen a revertir los evidentes impactos negativos de un crecimiento desmedido. La realidad nos devuelve la pregunta por cómo estamos produciendo y consumiendo, cuestionamiento que tiene que ver con el futuro de los grupos sociales, en especial para las ciudades, una pregunta que no podemos evadir en el Valle de Aburrá.

La falta de criterios de
sostenibilidad en la producción y consumo es una de las principales causas de fenómenos como el cambio climático, la desertización a causa de la deforestación,  la consecuente desaparición de las fuentes de agua que, por ejemplo, ponen en juego la vitalidad de las metrópolis, la supervivencia de muchas especies y, entre ellas, la misma especie humana.

El
Área Metropolitana del Valle de Aburrá promueve el cambio de prácticas en ambos extremos de la cadena de producción y consumo, y además regula en lo que le compete para que se tengan resultados colectivos en términos de sostenibilidad. El sector productivo e industrial, que ha sido protagonista del desarrollo de nuestros 10 municipios, está respondiendo preguntas de adaptación necesarias y de conciencia ante las problemáticas y su conexión con la cadena productiva. La ciudadanía metropolitana por su parte está cada vez más inquieta, muestra disposición y aprende en la creación de una cultura del consumo sostenible.


Un valle eficiente y sostenible, alineado con objetivos globales​

Dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por las Naciones Unidas se encuentra la Producción y Consumo responsables complementado con otros que hablan de las energías limpias, las ciudades sostenibles y las acciones por el clima.  A nivel nacional, el establecimiento de la Política de Producción Más Limpia en 1997 y la Política de Producción y Consumo Sostenible en 2010 son estrategias complementarias a los instrumentos regulatorios, que llevan al país de forma gradual pero firme, a la incorporación de la variable ambiental para mejorar el desempeño de los sectores productivos.

Por su parte, el
Plan Integral de Desarrollo Metropolitano, Plan Metrópoli para el Valle de Aburrá diseñado al 2020, habla sobre mejorar la calidad de vida y forjar un ambiente sano. Para lograrlo, propone estrategias metropolitanas como el “Desarrollo con equidad y uso racional de los recursos" y proyectos estratégicos metropolitanos que buscan un desarrollo sociocultural alrededor de la calidad ambiental.

Por su parte el
Plan de Gestión Territorios Integrados 2016 – 2019 tiene el objetivo metropolitano de lograr un alto nivel de articulación y concertación para el desarrollo sostenible y sustentable, la equidad humana y territorial, la convivencia y la paz en el territorio metropolitano.  Y en su Línea estratégica de “Calidad ambiental y desarrollo sostenible" se encuentra el componente de gestión ambiental con el programa “Producción y consumo sostenibles" que fomenta la incorporación de prácticas de producción limpia y consumo sostenible en el sector productivo.

Las pequeñas, medianas y grandes empresas reciben del
Área Metropolitana la oferta necesaria para la prevención del impacto ambiental con un óptimo uso de los recursos. El objetivo del consumo y la producción sostenibles es hacer más y mejores cosas con menos recursos; nos invita a tomar las decisiones pertinentes para medir el bienestar global de las actividades económicas, sin dejar de pensar en las ganancias, pero incluyendo en la ecuación la reducción de la degradación, la contaminación y la responsable utilización de recursos.

Beneficios para la producción

​​Con esta implementación de prácticas de producción y consumo sostenible, el balance económico no se afecta y por el contrario se logran beneficios en su esquema de producción.

  • Reducción en consumo de energía y otros insumos.
  • Acceso a mercados con criterios de compra como las etiquetas verdes, certificados de producción limpia y responsabilidad ambiental.
  • Vinculación de los empleados con causas sociales que mejoran el clima laboral y se conectan de manera integral con la salud física y mental, individual y grupal.
  • Beneficios tributarios por legislaciones que desgravan equipos y elementos necesarios para los sistemas de control, monitoreo ambiental y reciclaje; y reducción de impuesto de renta para algunas actividades de carácter ecológico.
  • Se fortalece la imagen de la empresa gracias a su responsabilidad social.

Cuidados a la hora de consumir​​​

Desde el consumo las acciones son múltiples, ante todo se busca el aumento en el sentido colaborativo del ciudadano con la metrópoli, con acciones que muestran la continuidad y apropiación. Es común sugerir como punto de partida la fórmula de las 4R:

Reducir: hace referencia a la contención ante el consumo desmedido y ser responsables con lo que se adquiere.
Reutilizar:  la creatividad para darle nuevos usos a los objetos que ya no necesitamos y evitar el consumo de productos nuevos.
Reciclar: la separación de residuos y asegurar su llegada a los puntos válidos para que puedan ser usados de nuevo.
​Recuperar: usar un residuo para producir un elemento de nuevo uso, intentando que el tratamiento sea lo menos dañino posible con el medio ambiente.

Además, el papel del consumidor debe ser orientado por la comprensión y apropiación de las normas pactadas y generar así una comprensión integral de la problemática para atenderla desde los microespacios culturales (empresa, trabajo, colegio, familia, equipamientos y espacio público). La información y hábitos sobre las maneras de producción deben volverse una cultura de interrelación e interregulación entre los productores y consumidores en el Valle de Aburrá.​​​ ​

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