- El Área Metropolitana del Valle de Aburrá cumplió la meta trazada en el Plan de Gestión Territorios Integrados 2016-2019 y sembró, el pasado 25 de julio en el Batallón Pedro Nel Ospina de Bello, el árbol un millón. En un comienzo se pensó en plantar 300.000 árboles, pero el listón se puso más alto y con el objetivo del millón se logró redoblar esfuerzos para mejorar la calidad de vida. El Plan Siembra Aburrá es un punto de partida, dijo Eugenio Prieto Soto, director de la Entidad.
Sobre una explanada del batallón Pedro Nel Ospina, en Bello, y en las faldas del cerro Quitasol, un nazareno de 1,70 metros fue la representación del deber cumplido. Así, con la siembra de esta especie, el pasado 25 de julio, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, junto a los 10 municipios que la conforman, autoridades ambientales, representantes de colectivos ecológicos, estudiantes y ciudadanía en general, se realizó la siembra del árbol un millón en el territorio metropolitano.
Esta jornada simbólica fue la materialización de un objetivo trazado en el Plan de Gestión Territorios Integrados 2016-2019, y que en un comienzo se pensó en 300.000 árboles, pero después se superaron todas las metas históricas de siembra en la región para proyectar otros 700.000 árboles más plantados para completar una cifra que hoy es un paradigma para la el país.
Los diez alcaldes de la región metropolitana, en 2017, firmaron un acuerdo de voluntades en conjunto con la autoridad ambiental para sembrar un millón de árboles en el Valle de Aburrá y hacer una gran movilización para buscar espacios aptos para la siembra en barrios y diferentes zonas periféricas del territorio.
“Es una meta que nos pusimos en el Área Metropolitana, pero no es un puerto de llegada. Es una invitación para ponernos metas mayores, es, de nuevo, un punto de partida. Un millón de árboles, un millón de gracias. Vida, más vida para este territorio, sostenibilidad, eso es lo que estamos logrando”, dijo Eugenio Prieto Soto, el director del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.
Y en ese momento tan representativo para el medioambiente en el Valle de Aburrá, la siembra del árbol un millón fue de un nazareno (peltogyne purpurea), especie que está en riesgo de desaparición en el país debido a la tala indiscriminada. No en vano se lo eligió como símbolo de una nueva visión con respecto al cuidado que se debe tener de la naturaleza y de las especies nativas.
“Este es un esfuerzo gigante en cuanto a las sinergias. Inicialmente empezamos con una meta de sembrar 300.000 árboles y nuestro director nos puso el reto de trabajar en la siembra del árbol 1.000.000. Este ha sido un proceso de consolidar sinergias con los sectores público y privado, academia y ciudadanía. Demasiados actores se vincularon a estas actividades. Fueron unas jornadas muy bonitas con los jóvenes, los grupos ambientales y los empresarios. Todos los alcaldes firmaron un acuerdo para sembrar en cada municipio un número de especies significativo. La tarea continúa, expresó María del Pilar Restrepo Mesa, subdirectora Ambiental del Área Metropolitana”.
Dentro de ese trabajo continuado, se les brindará acompañamiento a las especies sembradas, todas especies nativas, durante cuatro años más. Ya esos árboles sembrados en 2016, al comienzo de la iniciativa, tienen un tamaño importante y se ha comprobado que han retornado a ellos especies de avifauna, reptiles, mamíferos y se le apunta con esto a la regeneración de ecosistemas urbanos, potenciando especies nativas y propiciando estos retornos.
Este
Plan Siembra Aburrá se conecta también con otro programa muy importante que desarrolla la entidad, como es el
Plan Quebradas.
Muchos de esos árboles se sembraron en cuencas, lo que redunda también en una mejor la calidad del recurso hídrico y de la conectividad ecológica. Al tiempo, que con iniciativas como esta se protege la biodiversidad del territorio.
“Cada vez nos damos cuenta de la importancia del árbol para el oxígeno, el agua, la biodiversidad, la fauna, la flora, hasta para el paisajismo, las islas de calor y para la conexión ecológica de las redes que tenemos con el cinturón verde metropolitano y con la calidad de vida de quienes habitamos este Valle de Aburrá”, sostuvo Prieto.
Durante la jornada histórica de siembra en Bello se plantaron 14 árboles más, entre ellos especies como zapote negro, caimito, caimo morado, ceiba pentandra, ceiba bonga, ceiba pentandra y machetico, entre otras especies.
Este trabajo realizado con el Plan Siembra Aburrá fortalece las redes ecológicas existentes y las nuevas que se están estableciendo en el convenio con la Universidad Nacional de Colombia. Además se articula con el
programa de Brigadas Arbóreas Comunitarias,
con el que se aspira cambiar pisos duros por pisos verdes. Para este propósito se tienen identificadas las islas de calor en las zonas urbanas en torno al Plan de Cambio y Variabilidad Climática.
“Es muy importante generar referentes y demostrar que sí se pueden hacer cosas importantes por un territorio, que podemos generar articulación y motivar para que todos los actores estemos en un solo momento con un objetivo claro. El millón de árboles es un referente importante para el país”, aseguró Ana Ligia Mora, directora de Corantioquia.
En esta iniciativa del Plan Siembra Aburrá se vincularon, desde 2016, más de 9.000 personas y 60 instituciones de los sectores empresarial, educativo, ambiental, comercial, social, comunitario y eclesiástico del territorio.
“Este es un objetivo más cumplido. Nosotros queríamos hacer la siembra de 2.000 árboles en el cerro Quitasol. Gracias a la convocatoria que hicimos, logramos que trajeran 100.000 árboles más a Bello. Con el Área estamos logrando otras metas como el vivero y los hidrantes forestales. Hemos participado en las siembras y nos pone muy contentos ver que esta iniciativa se concreta. Ahora hay que sostener esta siembra y lo bueno fue que todo se hizo muy técnicamente. Eso garantiza que haya un proceso a largo plazo”, comentó Wilmar Salgado, representante del colectivo Sembratón Quitasol.
En la siembra, los diferentes actores del territorio expresaron su deseo de que este tipo de iniciativas tengan continuidad y que puedan seguir, independiente de los gobernantes de turno.
¡Lo logramos!
El esfuerzo de los 10 municipios del Valle de Aburrá y el compromiso de los actores del territorio, incluidos los ciudadanos y las organizaciones sociales, dieron sus frutos y la sostenibilidad de los ecosistemas echó raíces a lo largo de los espacios verdes y corredores de biodiversidad desde Caldas hasta Barbosa. Más vida y más naturaleza.