Un plan lleno de verde, lleno de aire

​El arbolado urbano es un factor clave que reduce el impacto generado por el cambio climático y la contaminación del aire, y conjuntamente sirve de hogar a un gran porcentaje de la fauna que habita las urbes. Es por eso que es necesario prevenir el deterioro que pueden llegar a sufrir los suelos y áreas verdes, y recuperar aquellos territorios que han sufrido erosión o deforestación. Reforestar y mantener el arbolado evita procesos de erosión del suelo y ayuda en la captura de carbono, la producción de oxígeno y la remoción de contaminantes como el Ozono, NO2, CO, PM10 y PM2,5.

La OMS establece como indicador de calidad ambiental urbana, un número de árboles por habitante que debe ser como mínimo de un árbol por cada tres habitantes en las grandes ciudades. No obstante, es importante hacer una adecuada selección de los árboles utilizados con fines de reforestación, para evitar impactos ambientales y efectos indeseados (como afectación de mantos acuíferos, obstrucción a la infraestructura urbana y la emisión de sustancias que contribuyen a la formación de oxidantes fotoquímicos como el ozono).

Por lo anterior, este eje propone el desarrollo y aplicación de instrumentos específicos que permitan evitar y revertir la pérdida de arbolado urbano y la degradación de los suelos, impulsando acciones que ayuden a reducir las emisiones de material particulado provenientes del suelo desprovisto de vegetación, el  mantenimiento del arbolado actual, la consolidación de redes ecológicas urbanas, la incorporación y reposición de nuevos árboles en óptimas condiciones para el entorno urbano, y la conformación de un cinturón verde que contribuya a evitar la expansión de la mancha urbana del Valle de Aburrá.

Además, se busca mejorar los niveles de eficiencia y eficacia en la ejecución de recursos de obligaciones urbanísticas, para lograr compromisos que ayuden a que dichos recursos se utilicen en la generación de espacio público verde de calidad. En esta medida, se busca también convertir espacios urbanos subutilizados, abandonados o que han cumplido su vida útil, en nuevos parques, instalaciones culturales o terrenos para siembra masiva de árboles.

Por otra parte, por medio de la articulación con el Sistema Departamental de Áreas Protegidas (SIDAP) y al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP), se esperan
sugerir lineamientos que orienten la organización, ocupación y aprovechamiento espacial del territorio, y la consolidación de un sistema de áreas protegidas que posibilite salvaguardar la biodiversidad y los bienes y servicios ambientales necesarios para su sostenibilidad.

Por último, se pretende compensar económicamente a aquellas familias comprometidas a proteger los espacios verdes, por medio de estrategias como el BanCO2 Metropolitano. En esta misma ruta, se espera diseñar proyectos adicionales, enfocados a la restauración y conservación de ecosistemas estratégicos y áreas de importancia ambiental regional.
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