Víctor Mejía, líder de la Unidad de Educación y Cultura del Área, habla sobre los logros del Consejo Metropolitano de Educación.

¿Cuáles fueron los factores que se identificaron durante todo el trabajo de diálogo con los actores comprometidos con la calidad de la educación, en especial con los secretarios en los 10 municipios del Valle de Aburrá?
La primera fue la de la jornada única, que además es la razón de ser de la creación del Fondo de Financiamiento de la Infraestructura Educativa para los 36 colegios de calidad que se están construyendo en los territorios dentro de una estrategia liderada por el Gobierno nacional en todo el país para asegurarles a los estudiantes una educación con pertinencia y mejores oportunidades.

La otra es la relación de los padres de familia con los entornos estudiantiles. Es allí donde se comienza la desarticulación de los valores, los proyectos de vida y la convivencia ciudadana. Después hablamos del bilingüismo como una herramienta para la competitividad de los estudiantes, así como el de las infraestructuras educativas como escenarios para la equidad y la calidad educativa. Que el Área esté liderando la construcción de los 36 colegios de calidad es un hito histórico para el territorio, el Departamento y el país.

¿De ahí que se creara el Consejo Metropolitano de Educación?
El Acuerdo 03 de 2016 creó el Consejo como una instancia de diálogo y concertación en la que tienen asiento los delegados de los alcaldes municipales y otros actores del territorio para planear y ejecutar programas y proyectos de alcance metropolitano, haciendo uso de las normas establecidas en la Constitución y en aplicación de varios de los artículos del Plan Nacional de Desarrollo en lo referente a los esquemas asociativos territoriales, una de cuyas funciones es el de la planificación integral de los territorios alrededor de problemáticas comunes a los entes que la conforman. La educación es uno de esos ejes estructurantes del desarrollo territorial.

¿Cómo ha sido todo ese trabajo en equipo y cuáles son los hechos centrales alcanzados en casi dos años de estar funcionando el Consejo Metropolitano?
Hemos podido sintonizarnos alrededor de un elemento común y trascendental para el territorio como es la educación. El liderazgo del Área y el compromiso de la Junta Metropolitana han sido factor de éxito para lograr lo que nos propusimos: acompañar a los municipios que hoy no están certificados en educación y aprovechar las experiencias de los que sí lo están para tener un Valle de Aburrá certificado todo en calidad educativa. Los aprendizajes de municipios como Envigado o Sabaneta se llevaron a otros territorios y entre todos estamos liderando los procesos de mejoramiento y certificación en Caldas, La Estrella, por ejemplo. Igual sucede con Medellín y todo su bagaje en educación para replicarlos en el resto del Valle de Aburrá. Lo otro es haber integrado a las instituciones privadas en todo este proceso de calidad educativa. Con Proantioquia desarrollamos un proyecto denominado Colegios Mega, orientado a los directivos docentes y maestros, con el que se fortalecen las capacidades gerenciales y administrativas de los rectores, sin perder de vista el modelo de fortalecimiento del conocimiento científico.

¿Cómo funciona el trípode maestro, alumno y familia?
Nuestro aporte es acompañar el proceso de construcción de capacidades. Darles la posibilidad a los rectores, directivos docentes, estudiantes y padres de familia de desarrollar unas competencias básicas que se articulan en pro de una educación en valores, más incluyente y capaz de crear mejores oportunidades para los estudiantes y sus entornos. Nosotros, desde la Unidad de Educación y Cultura, estamos trabajando y conociendo las mejores prácticas educativas que se vienen dando en todo el país con el objetivo de replicarlas acá, así como llevar a otras ciudades las que aquí funcionan bien. Creo que el Consejo Metropolitano de Educación es uno de ellos.​


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