El fundador de Walk21, Jim Walker, estuvo en Medellín y pasó revista a la ciudad en torno a cómo estamos construyendo nuevos espacios para los peatones. Una mirada de un experto mundial que nos anima a seguir cambiando el modelo.​

Después de 20 años de estar mirando, analizando y proponiendo soluciones para cambiar vías para autos por senderos para peatones, Jim Walker, fundador del movimiento Walk21, estuvo en Medellín y compartió con un panel de expertos sus experiencias en torno a la importancia de que nuestras ciudades abran espacios para los peatones en vez de seguir haciendo vías para los carros. 

Jim está acompañando un proyecto de caminabilidad en el sector de Niquitao, barrio Colón, donde no hay espacios para los niños. Hablamos con él sobre lo que está haciendo el Área alrededor de la ciclocaminabilidad.

¿Cómo nace Walk y por qué 21 (Walk21)?


Jim Walker: Pensamos en el 21 porque estamos en este siglo y además llevamos 20 años de trabajo por fomentar espacios para caminar en todo el mundo, porque descubrimos que estábamos caminando menos y usando más el carro privado en nuestras ciudades. Nosotros lo que hacemos es generar una fuerza ciudadana que ponga al peatón en el centro de las decisiones sobre espacio público, porque caminar es un derecho y, entonces, una ciudad que se pueda caminar también lo es.

¿Por qué caminamos?


Nosotros estamos diseñados para caminar y es la primera decisión que tomamos al nacer y la última que queremos dejar cuando nos volvemos viejos. El problema es que nos olvidamos del tiempo que existe entre el hecho de nacer y volvernos adultos. El ser humano camina por la misma razón que respira, esto es, para vivir sanamente, no sólo en términos del cuerpo, sino de la mente.

¿Cuáles son los requisitos básicos que debe tener una ciudad para que la gente pueda caminar en ella?


Tener espacios públicos no garantiza por sí mismo que la gente camine. Una ciudad es caminable cuando pone a disposición de su gente espacios seguros, amables, limpios, bonitos y respetuosos con los demás modos de transporte que se usan en esa ciudad. Hay unos principios fundamentales para que una ciudad sea caminable y tienen que ver con temas de seguridad, educación vial, infraestructuras, espacios verdes, conectividad entre distintos puntos. Creo que nos estamos volviendo locos con los temas de tecnología, con los carros eléctricos, pero nos olvidamos de lo básico, de lo antiguo, que es caminar.

¿Caminar es un acto de equidad o de inclusión?


Ambos. Porque si bien todos somos iguales en el espacio público, no siempre tenemos espacios bien hechos y dispuestos para todos los grupos poblacionales, por ejemplo, los niños o los adultos mayores. No todos los espacios públicos en nuestras ciudades son incluyentes y es por eso que existe Walk21 como una fuerza ciudadana que ayude a que los tomadores de decisiones sean incluyentes. Nosotros nos hemos puesto en los zapatos del otro para buscar que la gente que camina encuentre los espacios adecuados para hacerlo.

¿Y por qué son los estratos socioeconómicos más bajos y las mujeres los que más caminan?


Eso pasa en los llamados países del tercer mundo, y no en Europa, donde en ciudades como Viena, Londres, Barcelona o París, la gente camina independiente de sus ingresos, porque existe una cultura de caminar por razones que no tienen que ver con su posición social. Efectivamente, caminar es la opción más barata a la hora de desplazarnos por la ciudad. Cuando no hay posibilidades de tener un carro o una moto, pues la gente camina. Ahora, las grandes urbes que han logrado mejorar los ingresos de sus habitantes están trabajando muy duro en diseñar políticas públicas que consoliden espacios para la gente, pues está claro que hacer ciudades para los carros no es posible ni rentable.

¿Algo así como una democracia del espacio público?


Por supuesto. Las aceras son el espacio por excelencia de la igualdad entre los seres humanos. Allí no existen los estratos socioeconómicos ni las diferencias de raza o de religión. Allí conviven todas las edades. Si una ciudad garantiza esos espacios públicos y permite la interacción de sus habitantes, entonces esa ciudad es democrática, equitativa e incluyente.

¿Qué es la Carta Internacional para Caminar?


La Carta fue desarrollada hace 12 años y firmada por más de 1.000 alcaldes en cientos de ciudades por todo el mundo y sigue abierta para quienes quieran suscribirla, porque ¿quién no espera que sus lugares de residencia o de trabajo sean caminables? El propósito es comprometer a la gente a que camine su ciudad y, a través de ellos, convencer a sus gobernantes de la necesidad y el derecho de construir espacios para la gente. Esa Carta contiene ocho pasos o principios.

¿Cuáles?


El primero es el compromiso y el segundo son las acciones que permiten cumplir con los compromisos. Luego están los procesos de investigación, que permiten saber cómo, cuándo y por qué la gente camina. Involucrar a las comunidades se hace fundamental. Evaluar el impacto ambiental que produce caminar para motivar a que más personas lo hagan. Revisar y establecer estándares de diseño y construcción de esos espacios públicos y, por ende, diseñar regulaciones que faciliten su uso. Planear acciones para que la gente camine más y por trayectos cada vez más largos. Probar, es decir, conocer cuáles son los beneficios potenciales y cómo ganar confianza en la cooperación. Invertir es el último paso, porque sin espacios adecuados, no se consiguen los principios anteriores.

¿Cómo construir una cultura ciudadana que no sólo camine, sino que promueva más espacios para la gente, que obligue a que los gobernantes cambien las prioridades a la hora de diseñar los territorios?


Promoviendo los ocho pasos para que una ciudad sea caminable. No sólo es un asunto de los gobernantes, sino un pacto de toda la sociedad. No es posible construir un entorno para la gente cuando no se dejan espacios para el encuentro o las vías son sólo para los autos. Hay que conectar a la gente con los sitios que hacen parte de su vida cotidiana, los parques, las iglesias, los colegios, los sitios de trabajo, las universidades. Eso es lo que nosotros llamamos la segunda piel de las ciudades.

¿Cómo así una segunda piel?


Las ciudades son circuitos vivos que se conectan con quienes habitan en ellas. Los parques, las iglesias y todos los espacios públicos son una segunda piel para la gente, porque es allí donde se producen las actividades de la vida. Una ciudad sin gente en el espacio público no es una ciudad, sino un cementerio, aunque conozco muchos cementerios con espacios públicos mucho mejores a los de algunas urbes.

¿Cuál es su análisis de lo que está ocurriendo en Medellín. Cree que estamos haciendo lo correcto?


Esta ciudad tiene bien ganada su reputación de ser un lugar de gente echada para adelante y con un liderazgo institucional de prestigio internacional. Acá se han vivido problemáticas muy complejas y difíciles, pero también de grandes transformaciones, no sólo físicas, sino sociales, económicas y culturales. Crisis siempre habrá, pero Medellín tiene unos buenos líderes y seguirá superando sus propias dificultades.

¿Qué es lo que Walk21 viene haciendo en Medellín?


Nosotros estamos acompañando un proceso muy importante de caminabilidad en una zona de escasos recursos de Medellín, en el barrio Colón, sector de Niquitao, donde no hay espacios públicos de calidad y la gente está expuesta de forma continua a los riesgos de la alta circulación de carros y motos. Con un agravante, allí vive una población muy vulnerable de niños y adultos que no tienen cómo atravesar las vías y arriesgan sus vidas todos los días. Estamos acompañando un proceso con FundaPeatón, que viene haciendo un análisis de cómo se mueve la gente en esa zona y cuáles son las posibilidades de cambiar esa situación a través de proyectos que permitan que la gente pueda caminar. Acá es donde mejor podemos demostrar que se pueden cumplir los ocho pasos para que la ciudad sea caminable y que caminar sí es un derecho.

¿Qué necesita Medellín y su área metropolitana para que sean caminables?


Acá se están haciendo muchas cosas bien y con visión de futuro. Creo que se pueden aplicar los ocho principios básicos para una caminabilidad como derecho: 

1. Mayor movilidad inclusiva.
2. Espacios bien diseñados y manejados para la gente.
3. Mejor integración de redes.
4. Planeación espacial y usos de suelo favorables.
5. Reducción del riesgo vial.
6. Menos crimen y menos miedo al crimen.
7. Apoyo de las autoridades.
8. Fomentar una cultura de caminar.