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  • Después de más de tres años de trabajo articulado con la academia y en coordinación con el Jardín Botánico, el Valle de Aburrá logró consolidar el estudio sobre conectividad ecológica más completo del país. Los territorios integrados ya tienen otro instrumento de planificación que permite en tiempo real y con escala de detalle conocer dónde están los corredores verdes y cómo es la riqueza de fauna y flora que en ellos habitan. Otro legado.
El Valle de Aburrá no ha sido ajeno a la expansión urbana que se ha dado en las grandes ciudades y una de las consecuencias más evidentes de ese fenómeno está en la fragmentación de los ecosistemas estratégicos y, por ende, en la afectación de la vida y la subsistencia de la flora y la fauna, indispensables para el equilibrio del hábitat.

De ahí la necesidad imperiosa del Área Metropolitana del Valle de Aburrá en haber definido un ambicioso, completo y novedoso plan de regeneración de los ecosistemas urbanos en los 10 territorios integrados, dentro del cual se desprendieron acciones colectivas y articuladas para mitigar los daños acumulados durante décadas y revertir el proceso de fragmentación ecológica a través del Plan Siembra Aburrá, el Plan Quebradas y el Sistema de Áreas Protegidas Urbanas.

Cada uno de esos programas desarrolló una matriz, con el fin de identificar las problemáticas, sistematizarlas y definir acciones y métricas para solucionarlas.

Fue así como desde el comienzo se identificó que en el Valle de Aburrá había un déficit arbóreo cercano a los 700 mil individuos, pues los índices establecidos por la Organización Mundial de la Salud determinan que deben existir tres árboles por habitante y en este Valle de Aburrá ese indicador era de 0.4. Se fijó la meta, entonces, de sembrar un millón de árboles en los 10 municipios y ésta se cumplió antes de finalizar 2019, sin contar que Medellín ya logró sembrar en su jurisdicción no menos de 840 mil plantas y que EPM donó un millón de árboles para el territorio, que se sembrarán en los próximos meses.

Respecto del recurso hídrico, el Área identificó 19 quebradas en los 10 municipios que tributan sus aguas al río Aburrá-Medellín y comenzó en ellas todo un proceso de recuperación y protección que hoy permiten haber consolidado un moderno sistema de monitoreo a través de la RedRío, instrumento fundamental dentro del Plan Operativo de Manejo de la Cuenca (POMCA), que va más allá de los límites metropolitanos.

Y en relación con el sistema de áreas protegidas, a las cuatro existentes en el territorio (Volador, Piemonte, Nutibara y La Asomadera), esta administración incorporó otros: La Heliodora y Trianón, en Envigado, y Ditaires, en Itaguí, así como aportó la mitad de los recursos para la compra del cerro de las Tres Cruces, en el noroccidente de Medellín, con 107 hectáreas. Entre todos suman poco más de 400 hectáreas, lo que significa que se duplicó el número de hectáreas protegidas en el Valle de Aburrá.

Con Corantioquia, así mismo, se avanza en el proceso para la declaratoria de área protegida el Cerro Quitasol, en Bello, con casi 2.500 hectáreas en suelo urbano y periurbano.

Todas esas acciones convergen en una política verde y de conectividad ecológica sin antecedentes en la región y en el país, pues el Área Metropolitana, en asocio con el Jardín Botánico y la Universidad Nacional, y con el Sistema de Arbolado Urbano que ya consolidó Medellín, acaba de terminar el primer estudio de conectividad ecológica de Colombia, con información relevante sobre los espacios verdes existentes y la fauna y la flora que en ellos habitan.

Lo novedoso del estudio es que no sólo permite establecer cuántos árboles hay en el territorio, sino qué tipo de fauna y flora habita en ellos, así como ofrecer la información necesaria que demandan los constructores a la hora de solicitar los permisos para desarrollar sus proyectos, bajo una premisa fundamental de la entidad: si hay dónde construir, debe haber dónde sembrar”.

El estudio sobre conectividad ecológica tuvo en cuenta cuatro ejes centrales: actualización de los polígonos verdes en los 10 municipios, valorar la cantidad de espacios públicos verdes disponibles y realizar su diagnóstico; establecer el componente de fauna allí presente y levantar la caracterización ambiental del paisaje.

Fue así como se logró identificar 360 puestos de monitoreo de fauna, clasificada en mamíferos, aves y reptiles, lo que se convirtió en el  inventario más completo del país.

Dicho estudio permite identificar esas especies en un perímetro de 4 por 4 metros en Medellín, y de 20 por 20 metros en los demás municipios, algo sin antecedentes en Colombia. 

Ese instrumento, entre otras cosas, ha permitido que Medellín, por ejemplo, tenga hoy el más completo programa de corredores verdes y de muros verdes del país, así como el Área Metropolitana tendrá el más moderno y novedoso sistema de análisis, seguimiento y control de su arbolado urbano, pues el SAU será replicado en los 10 municipios del Valle de Aburrá.

En otras palabras, con la consolidación del Plan Siembra Aburrá, el Plan Quebradas y el Sistema de Áreas Protegidas en el ámbito metropolitano, el territorio deja los instrumentos necesarios para avanzar en la regeneración de los ecosistemas urbanos, estableciendo con rigor técnico y científico las características de las estructuras ecológicas principales en los 10 municipios del Valle de Aburrá.

El estudio de conectividad ecológica permitió consolidar el informe sobre presencia de fauna urbana más completo del país, información que será llevada al Sistema de Información Biológica (SIB) del Instituto Alexander von Humboldt, así como hará parte de una de las líneas de trabajo y de apropiación de la recién creada Escuela de Ecología Urbana, otro de los hitos de la administración del Área Metropolitana 2016-2019.​