El Secretario de Educación asegura que sin el compromiso del Área Metropolitana para mejorar la infraestructura educativa sería más dificil cerrar las brechas en la calidad educativa entre lo urbano y lo rural. Así se trabaja por la certificación.

Para nuestro municipio, el trabajo del Áreda ha sido fundamental para avanzar en cerrar las brechas sociales que durante décadas han estado presentes en Caldas. No sólo en términos de infraestructura, sino en los ámbitos sociales, culturales, educativos y de seguridad.

Hacer parte de esta nueva estrategia educativa, que nos permite trabajar en el proceso de certificación en calidad, sino de llevar la jornada única escolar a la zona rural, representa un antes y un después en la historia del municipio.

No es un secreto que Caldas no tiene un presupuesto de inversiones del tamaño que demandan sus necesidades, pero los aportes del Área y su acompañamiento con el Ministerio de Educación, representan un alivio incuantificable en términos del bienestar y la calidad de vida que se mejorará en sitios como San Francisco, Salinas, vereda La Salada, parte alta y baja, donde se beneficiará a cerca de 600 personas de los estratos más humildes del territorio.

Llevar un nuevo modelo educativo a la zona rural, con calidad y pertinencia, obliga a que la estrategia también sea distinta a la que hemos desarrollado en lo urbano. Tenemos que integrar los procesos educativos con las unidades productivas que se desarrollan en lo rural.

Caldas tiene en el sistema educativo cerca de 12.500 estudiantes, pero en lo rural hay cerca de 3.800 alumnos, de los cuales 480 estarán en el megacolegio que estamos construyendo con la ayuda del Área.

Eso debe ayudarnos a mejorar el sistema de aprendizajes y conocimientos y reducir el índice de deserción escolar, que actualmente puede estar en el 3 por ciento, que es alto, porque debería ser cero. De un promedio de 700 estudiantes que terminan su bachillerato, alrededor de 150 (16 por ciento) pasan a la universidad, lo que no permite que muchos jóvenes puedan desarrollar sus proyectos de vida.

La estrategia que estamos desarrollando para aumentar ese índice tiene que ver con las alianzas que tenemos con el Instituto Pascual Bravo, adonde acuden con becas los mejores estudiantes. En 2019, con el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, vamos a desarrollar una serie de programas académicos en nuestro propio municipio, así como con el Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM) vamos a abrir un programa de posgrados y de maestría.

El rubro de inversión de Caldas para educación tiene dos componentes: los dineros que llegan por el Sistema General de Participación, que ascienden a unos 1.700 millones de pesos anuales, y por recursos propios otros 900 millones. Si uno divide esos dineros entre 12.500 estudiantes, el promedio es muy bajo.

De ahí lo valioso que es el trabajo que hace el Área para llevar nuevos recursos a los territorios y de haber creado el Consejo Metropolitano de Educación como una instancia de concertación y de articulación de los programas que nos permitan lograr la certificación en calidad educativa y mejorar el ingreso de los recursos que llegan del Gobierno nacional.

Ahora, el hecho de haber determinado que uno de esos 36 colegios de calidad que se harán en todo el Valle de Aburrá se hiciera en Caldas y además con un carácter rural producirá un cambio trascendental en todo el municipio. Es en lo rural donde más se han acumulado las asimetrías entre bienestar y desarrollo sostenible. Vamos a trabajar muy duro para reducir esas brechas y no dudo en asegurar que con el apoyo del Área podremos avanzar en un territorio mucho más incluyente, con la educación como eje de transformación, pero también con mejores vías, más hospitales, mejores escenarios deportivos y más seguridad.​

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